Satisfecha. No.

Miro hacia el perfil nocturno de la ciudad.

Veo la torre iluminada elegantemente. Luce la palabra LOVE en mayúsculas que brillan tenues, como fairylights.

Le he enviado un guiño a ‘K’. Pero por supuesto ha respondido de su manera clásica. Non-commital.

No me apetece así. No lo haré.

*

Veo cómo crece el número de affairs que están ‘over’.
Es todo un aprendizaje.

Aprendo, aprendo mucho cada día. Me decepciono. Me río. Me ilusiono a veces. Me sonrío bastante. Me desespero. Me enfado un poquito, de vez en cuando. Me asqueo también.

Quiero evitar volverme cínica.
No sé si voy a conseguir evitarlo.
Por ahora, ahí voy. Intentándolo.

*

Me parece bastante terrible lo que hay.
Me parecen un tanto deplorables las cosas a las que nos hemos acostumbrado.

También hay puntos de gracia.

El conjunto, es empobrecedor.
Pero hay pequeños resquicios de luz.

*

Me tomo mis trocitos de jamón. Tengo los dedos pringados de aceite muy bueno, de oliva, mientras escribo esto.

La palabra LOVE se funde un poquito en la fachada de este edificio tan in.

No sé si sufro. Sé que me desencanto. Estoy desencantada, mientras me animo a escribir otro mensajito a uno o a otro, dándoles un toque cauto y simpático. Me responden con cositas que me parecen bien pero me satisfacen poco. Me digo a mí misma, en voz alta, mientras mastico mi jamón, que no me conformaré con menos de lo que quiero.

Exploraré. Exploraré. Pero no abandonaré mis propósitos. O mis ganas de lo que realmente me encanta, me inspira, me merezco. Si eso que quiero no existe, me lo seguiré inventado y viviré de ese invento. Lo seguiré escribiendo. Lo seguiré imaginando y seguiré rellenando mis huecos con esa creación propia. No me conformaré con lo que toque. No aceptaré menos de lo que deseo. Me acostumbraré a seguir sola de esta manera parcial, desconcertante, en la que vivo. Sola pero rodeada de moscardones. Rodeada de oportunidades y mensajes y posibles rutas que me parecen bien pero me satisfacen poco. Todas estas opciones a medias que no son lo que busco pero son algo y al menos ofrecen oportunidades de aprendizaje.

*

Hola, ¿qué tal? ¿Cómo ha sido tu verano?
¿A qué te dedicas? ¿Qué lees?
¿Qué haces? ¿Te apetece tomar algo?
¿Te animas a ver esta exposición?
¿Quieres coincidir conmigo?

*

Inicio yo las cosas, cada vez más. Propongo salir. Sugiero qué hacer.

O les pido, imperiosamente, que escojan un sitio. Les digo si se atreven a impresionarme. Yo sí me atrevo. Y es divertido. Y no lleva a nada particularmente significativo. Es un aprendizaje.

Me parece bien. Me parecen bien. Pero me satisface(n) poco.

*

LOVE.

Ya casi no veo la palabra.

Mi jamón se ha terminado.

Me chupo el aceite de los dedos. Con esto que tengo a mano,
por una vez sí, satisfecha.

*

Negroni

                 *

El primero fue en un rascacielos
y le supo a puñetazo en un beso.

                 *

El segundo fue casero
y se lo hizo un romántico

con flequillo largo
y ojos pequeños.

                 *

El tercero fue en un palacio
de esos que inventan los cuentos.

                 *

Hubo otros, en lugares fiables
y en garitos sosos y feos.

En vaso de plástico, una vez
sin naranja ni hielo. Todos buenos.

                 *

Se tomó uno en un bar hortera
y sorprendió al camarero.

‘Las mujeres nunca piden negronis’
le dijo, con admiración

y ella se perdió en un pensamiento
divertido y lento.

Se hubiera fumado un puro allí mismo
para toser y hablar

de cómo trabajar
sin prestar atención al tiempo.

                 *

El último fue en Barcelona
y le borró la memoria.

Le supo a puñetazo en un beso.
Le hizo pensar algo, que no recuerda.

Le hizo desear piedras,
máquinas de escribir y ruedas.

La puso en marcha
la confundió y le abrió puertas nuevas.

                 *

Lockdown Glam

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Surviving four months of lockdown in Liverpool took some imagination and savoir-faire… My weekly fantasy treat was to dress up and explore the many possibilities of messy selfies to celebrate domestic-prisoner glamour…

Week 1 | What’s this spray for?

Week 2 | Trouble with the Cables

Week 3 | Stocking Essentials

Week 4 | I am your lockdown boss…

Disfraces

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Researching cloths & masks .:. It’s hard to avoid looking sinister

A skeleton hand (@alexandermcqueen) creeps in over my defiant flowers… The eyes must smile back but, often, they feel like screaming



This need for 🎭 & physical distance is challenging my whole identity. I can only get out there if I’m ready to stop being me and enjoy instead the chance to ‘disfrazarme, enmascararme’ (mask up) & just act.


We must rehearse a different way of moving, of walking, of talking… We must dress up, exaggerate the edges of our pandemic props, become a character.

Theatres are closed but the streets are pure theatre. We wear our shields, our defence weapons and follow the marks on the stage (walk here, stop here). We must live through it and learn a few things.


Hay que disfrazarse, actuar y realizarse como personajes de tragedia.
Sonreír y encontrar también, los acentos (terribles) de comedia

Out of the Bottle

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On rediscovering perfume with new sensorial superpowers

A picture containing wall, indoor

Description automatically generated

I started sprinkling 5th Avenue Elizabeth Arden perfume on my pillows a few months ago, at the start of this lockdown. It was a way of using a large bottle of perfume from a fragrance I no longer associate with. Back when, a lifetime ago, I would dress up and get into rooms with people, chatting to (and getting close to, goodness) strangers, I would wear Japanese perfume. Issey Miyake had become a favourite since 2018, so my good old 5th Avenue bottle had been gathering dust for years.

The pillow, dusted in relatively expensive droplets out of the kind of perfume I found meaningful in my 30s, has become a wonderful little private pleasure. This is a luxurious while easy new habit to indulge in.

This morning, I have gone a step beyond. I thought: why not sprinkle my wardrobe? Why not wake up and kiss those colourful dresses I have abandoned for so long this year?

Living without perfume for so many months makes me intensely receptive to the pleasures of well-made fragrances. Of course, I am much more perceptive to annoyances too. It is like having a new — restored — sense.

Before lockdown I was saturated with competing industrial fragrances. I am now cleansed and every drop, literaly, counts and has an impact.

Having a bath with a few droplets of lemongrass had an impressive effect on me last Tuesday. I do not recall being so entranced by the powers of aromatic oils before. Before lockdown I was probably, like so many of us, saturated with competing industrial fragrances, unable to discern new layers. I am now cleansed and every drop, literaly, counts and has an impact.

I have just dared dose my wrists with a hint of Issey. I have not worn perfume since March 11th. It is extraordinary company; the touch of a safe, home-based while daringly exotic old friend.

I would love to get a locally made perfume next. How will it feel to open a fragrance made in small scale? I will continue to infuse things myself — floral and herbal teas have provided essential aromatic company from the start of this enclosure. But it feels spectacular to bring the genius back out of my few expensive bottles; to awake the superpowers dormant in those crystal receptacles, a legacy of my crazed airport days…

It is fantastic to spread these intense droplets, not for anyone else but myself, my home, my pillows, my clothes. It changes the colour and feel of everything. It transforms my home into a larger world.

New York, Tokyo, welcome in. I will never again take you for granted.

Nidos

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Una entrada de diario dedicada a la posibilidad de belleza en la suciedad que me acompaña durante este interminable encierro.

Beatriz Garaia

Tengo los dedos pegajosos de miel y de la enganchina que le pongo a los pies de las sillas para que no arañen el suelo de madera. Se sueltan (las pegatinas de fieltro) y el trozo de pega que trata de fijarlas se engancha con todo: con el suelo, con los niditos de pelo y polvo y migas y otra mugre que se va acumulando por mi doquier doméstico durante estos meses de encierro.

Me niego a limpiar.
A limpiar a fondo, quiero decir.

Ordeno obsesivamente, como siempre he hecho, y lo dejo todo muy cuco y estilizado con los medios e imaginación a mi alcance, que no es poca. Miro a mi alrededor y a menudo me impresiono por lo bonito que es este apartamento y lo a mi medida que ha quedado todo; lo fácil que es mantenerlo en estas situaciones nefastas. Incluso cuando viene mi hijo a saltar sobre el sofá, a restregar cojines por todas partes, a picotear y distribuir bolsas de plástico crujientes por cada rincón. Nos complementamos y todo el revoloteo propio de un niño de diez años se alinea, se enreda, choca y luego vuelve a alinearse con mis manías de perspectivas, proporciones y ángulos.

Pero la mugre crece. Y los enganches.

El polvo (ahora que nos ahogamos en calor y hay que abrir ventanas) entra a bocanadas. Es un polvo gris, lleno de ciudad; lleno de calles con tráfico; de restos de fastfood tirada por el suelo; lleno de borracheras y orina; también lleno de río, de mar, de gaviotas, de barcos. Es un polvo lleno de puerto.

El polvo entra y reboza mi casa. En silencio o densa y estrepitósamente; se enreda con la lluvia de cabello que sigo distribuyendo por todas partes. Se acurrucan juntos, el polvo de puerto y la lluvia de pelo. Las migas de pan sourdough, los trocitos de almendra, las pipas pálidas del pimiento, las pielecitas de ajo y las plumas de cojín maltratado se arriman a polvo y cabello para formar, todos juntos, estos niditos flotantes que se acumulan bajo las sillas, en la esquina derecha de la cómoda, alrededor de mi mesa de trabajo, en torno a los cables — oh sí, especialmente ahí, en torno a los cables.

La danza de la mugre en este apartamento tan chic. Una danza que tiene su punto de delicadeza.

Me paseo descalza y noto cómo se me forma una suela llena de texturas debajo de cada pie. Me agacho y recojo algún que otro nidito, delicadamente, con los dedos, cuando los veo perfectamente formados ante mí. Hay un elemento deseable en estos nidos, cuando sus posibilidades escultóricas se manifiestan de pleno — cual nubecitas, creciendo espojosos y semi transparentes. Es una suciedad que tiene una dimensión de belleza.

A la basura.

Deposito cada nidito en el cilindro de los deshechos.
Me lavo las manos.
Me siento y me pongo a trabajar de nuevo.

La suciedad pegajosa no es placentera a la vista de la misma manera que esta otra suciedad seca que he mencionado. Trato de eliminar la suciedad pegajosa. Ahí se concentran mis pocas energías de limpiadora.

Paso un paño sobre esta miel que me ha quedado en los dedos. Distribuyo el aceite que ha goteado sobre la superficie de madera. Me armo de spray y quizás, oh calamidad, una bayeta bien fea y bien práctica que me ayude a mantener los fogones aceptables y utilizables como base de cocina sin riesgos para la salud (ni atractivo para las posibles criaturas con patitas y alas que deseen aventurarse en mi casa).

El enganche bajo mis sillas es otra pequeña batallita, silenciosa y frustrante. Voy dominándola como puedo.

Sigo trabajando. Escribiendo. Escuchando música. Contemplando la ventana.

Los niditos amorosos de polvo-ciudad, de cabellos descartados, de miguitas y otras mini-fugas culinarias se pasean por el suelo. Educadamente. Secos. Sin enganche. Esperando su turno a ser admirados, recogidos y retirados.

La suciedad, hecha nido. Mi bella y paciente compañera de encierro.

Email sent to my own sentences…

I have found on my desktop a screenshot of an email I was attempting to send to a few friends. It was an introduction to some of my poems… but due to a (poetic) twist of my fingers on the keyboard, the poems (in fact, the sentences introducing the poems) became the actual ‘destinatarios’, that is: the impromptu ‘recipients’, of my message.

So I have decided this screenshot is, in itself, an wonderful example of visual poetry as well as of automated poetry.

(If Joan Brossa had been born in 2019 instead of 1919, by the 2030s, he may be producing poems like these…)

Intended recipients…

Obedience and Seduction

What will others applaud you for?

Women have for long been educated to assume that, to be truly liked (and get far) they better obey.

To get what you want, seduce.

Don’t be assertive. Don’t exude authority.
Don’t be too confident.
Never show that you know where you are going.
Never reveal that you know what you want.
Never be threatening. Never be firm.


Be soft. Be pliable. Be pleased to please.”

One day I decided I would stop tiptoeing.
I took some loud steps right into the centre of the stage.
I chose to dress big and wear only things that laugh, dance & scream.
I stopped saying ‘if you do not mind…’ or ‘I believe you might agree that…’.

I said: This is the way it is.
I said: No.
I said: Yes.
I thought: I know better [than you].

The volume of meaningless social media likes reduced.
The variety of affable colleagues shrinked.
I got less anonymous love and a few more valuable conversations (infrequently).

A few months ensued, sleeping badly.
Then one morning I woke up.
And I felt I was exactly
where I wanted to be.

* Artwork Credit: ‘Pliures’ by Agnès Geoffray